La constante ilusión de que tenemos que cambiar lo que somos es asombrosa. Muchos de nosotros pasamos por la vida pensando que no somos lo suficientemente buenos. Esa sensación persistente en lo más profundo del estómago que no nos deja en paz. Somos creaciones asombrosas de Dios, construidas a la perfección. Nuestros cuerpos son creaciones perfectas, capaces de realizar tantas funciones alucinantes. Nuestros cerebros son superordenadores que emiten señales eléctricas que nos permiten percibir el maravilloso mundo creado para nosotros.
Pero, por alguna razón, pensamos que todo eso no es suficiente. Algunos de nosotros hemos vivido con un trauma justificado durante mucho tiempo y hemos utilizado esa experiencia para proyectar un futuro de carencias e insuficiencias. Nuestros pensamientos nos mantienen prisioneros de un suceso que cambió nuestra forma de ver el mundo. ¡Oh, qué maravilloso sería tener un botón que pudiéramos pulsar para borrar esos recuerdos y reprogramarnos!
Te invito a honrar tu pasado y a sentir las emociones que acompañan al recuerdo. Valórate a ti mismo y comprende que, pasara lo que pasara, tenía que ser así. Sigue adelante y perdónate a ti mismo, entendiendo que, hicieras lo que hicieras, fue lo mejor que pudiste hacer en ese momento. A veces nos hacen daño sin que sea culpa nuestra, pero, trágicamente, utilizamos ese suceso para justificar nuestra vida y vivimos heridos y con miedo.
El tiempo es una ilusión que el ego utiliza para mantenernos prisioneros de nuestro pasado y con miedo al futuro. El único botón mágico hacia la libertad es vivir nuestras vidas en el aquí y ahora. Sé que esto puede resultar muy difícil para muchos y que dejar atrás esta ilusión da mucho miedo. Sin embargo